Un entorno de gran valor natural

  • Albergue Puerta del Norte, Burgos
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Entorno del Albergue Puerta del Norte

El Albergue Puerta del Norte se encuentra en una auténtica encrucijada de climas, paisajes y rincones que sorprenden al visitante no sólo por su misteriosa y singular belleza sino ante todo por su riquísima e inagotable diversidad.

Se sitúa exactamente en el punto de encuentro de la comarca de la Bureba, en su zona norte, con la otra gran comarca burgalesa, las Merindades. Esto significa que esta zona limítrofe abarca un territorio de intrincado relieve que se eleva entre las llanuras cerealísticas y las estribaciones septentrionales de la Cordillera Cantábrica. Frontera entre dos territorios de clima muy diferenciado, el norte montañoso y húmedo influenciado por el Atlántico, y otro más seco y de clima extremo dominado por el mediterráneo. Esta “frontera del norte” queda marcada por el curso del río Ebro, el cual antiguamente pasaba por la mismísima Bureba (de ahí la riqueza de su subsuelo), en su camino hacia la Rioja y Navarra, antes de atravesar el reino de Aragón para verter en el mediterráneo por tierras de Cataluña, horadando a su paso montañas y creando valles.

Esto es lo que hace de todo este vasto territorio fronterizo un cruce de caminos por excelencia. Desde el mismo albergue Puerta del Norte, si tomamos una brújula, en cualquier dirección que miremos descubriremos una diversidad natural inaudita, y con ella los restos y huellas de las diversas civilizaciones que algún día florecieron en el norte de España. Naturaleza y cultura en estado vivo y auténticas joyas por descubrir en este singular punto de encuentro que forman la conjunción de las provincias de Burgos, Vizcaya, Alava, Rioja y Cantabria. En cualquier dirección que el caminante mire encontrará tesoros ocultos que esperan ser descubiertos y vividos, zonas de tanta personalidad que todavía hoy son una auténtica delicia para la curiosidad humana.

Atravesando la puerta hacia el Norte se hayan algunos de los valles más bellos de las Merindades Burgalesas, tan ricos en patrimonio natural y cultural, como son el de Tobalina, el de Losa y el de Mena. Y sólo un poco más allá Vizcaya y su encuentro con el mar Cantábrico. En dirección contraria, mirando al Sur se domina toda la inmensidad de la llanura Burebana y sus secretos escondidos, con la primera capital castellana, Burgos, a tiro de piedra. Si dirigimos la mirada hacia el Este, podremos ver el sol de poniente salir por la sierra de la Demanda tras sus cumbres burgalesas y Riojanas. En paralelo, siguiendo la autopista natural del Ebro nos adentraremos en un simple paseo en coche en las tierras de Haro, con algunas de las mejores bodegas y el mejor vino de todo el planeta. En dirección contraria, hacia el misterioso Oeste, se irán abriendo el resto de las Merindades hacia Cantabria, remontando el curso del río Ebro en un sin fin de valles, altiplanos, cañones y villas medievales que son testigos de lo recóndito y lo misterioso que envuelve a los orígenes de Castilla.

Busto de Bureba se haya en el borde mismo de un parque natural de gran belleza, como es el Parque Natural de los Montes Obarenes y San Zadornil, pero en un radio de menos de una hora y hacia cualquier punto cardinal que se dirija el viajero podrá escoger y perderse por entre otro gran número de parques naturales (cada uno con su encanto, su diversidad de flora y fauna y sus riquezas etnográficas), como son el Monumento Natural del Monte Santiago, el Parque Natural de los Cañones del Ebro y el Rudrón, el Parque Natural de Valderejo, el Monumento Natural de Ojo Guareña, y valles tan distintos como son los valles de Tobalina, de Losa, de Mena, de Valdivielso, de Zamanzas, de Manzanedo, de Valdebezana, de las Calderechas, y el páramo de Masa.

Todos ellos son abrazados por las últimas estribaciones del sistema Cantábrico que como un gigantesco muro natural forman una interminable sucesión de alineaciones montañosas con muy diversa pendiente: desde las montañas que rodean al único valle Pasiego que se encuentra fuera de Cantabria, pasando por los montes de Ordunte y de Somo, y las sierras de la Tesla, de Oña, de la Llana, Salvada, de Árcena y de Pancorbo. Todas ellas son rematadas o por cimas de considerable altura como son el Pico Umión (1.437m) o por pequeñas mesetas y laderas que a menudo esconden un sin fin de cuevas y cárcavas que erosionan las laderas de los montes. En casi todas ellas innumerables afluentes y riachuelos buscan el curso del Ebro que se sitúa a un nivel más bajo. En ese relieve a menudo surgen caprichosas formaciones calizas que se yerguen como agujas en el martirizado paisaje, horadadas a menudo por infinidad de cañones formados por el río Ebro o alguno de sus afluentes principales, constantemente interrumpidos por algunas de las más bellas cascadas naturales de la península ibérica.

La privilegiada situación geográfica de este inmenso territorio fronterizo, y su relativo aislamiento sufrido durante siglos, han convertido a todas las comarcas que en él se encuentran en un auténtico muestrario de fauna y flora al que sus habitantes miman con todo el celo del mundo, pues no están dispuestos a renunciar a la riqueza que atesoran estos montes y se afanan para proteger al máximo este preciado legado de la naturaleza, de gran valor ecológico y paisajístico, poniéndolo a salvo de los muchos depredadores que hoy tienen los espacios naturales de la Península.

Salpicando todo el paisaje y recordándonos la siempre imborrable huella de la historia, al modo de un libro abierto con bellas ilustraciones, se encuentra un patrimonio cultural, que sin temor a exagerar, podríamos considerar como uno de los más ricos, bellos y diversos de toda Europa. No es sorprendente que Burgos sea una de las provincias que más ha crecido en los últimos años en número de visitantes que buscan el turismo cultural y patrimonial. Al recorrer todo este patrimonio, deleitándose con paciencia, uno no puede evitar sino sentir que se encuentra inmerso en un auténtico viaje en el tiempo. Desde los orígenes en el mundialmente conocido yacimiento de Atapuerca, pasando por restos romanos como son las minas de sal en Poza de la Sal, y un sin fin de necrópolis, dólmenes y yacimientos de culturas pre romanas y celtas, para ya adentrarse en la joya que supone todo su legado medieval, con algunas de las mejores muestras del arte románico y gótico de toda la Península. En efecto, estamos en las Merindades de Burgos, la primitiva Castilla que luego daría lugar al Condado y posteriormente al Reino homónimos, por lo que la historia aflora en cada rincón, no siendo de extrañar que las iglesias de la mayoría de los pueblos de los valles tengan origen y restos románicos. El viajero contemplará de primera mano cuevas, ermitas, castillos, ciudades amuralladas, monasterios, y otro sin fin de testimonios de uno de los mejores y mejor conservados patrimonios histórico y cultural de toda Europa, por no hablar de la inmensa riqueza gastronómica que este crisol de pueblos y civilizaciones ha ido configurando a lo largo de toda la historia.